lunes, 13 de enero de 2014
sábado, 11 de enero de 2014
LA PACIENCIA
La paciencia no es pasividad ante el sufrimiento, no reaccionar o un simple aguantarse: es fortaleza para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas que la vida pone a nuestra disposición para el continuo progreso interno.
A veces las prisas nos impiden disfrutar del presente. Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia, virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir sin prisas. La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.
La paciencia es la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males y los avatares de la vida, no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores.
La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas. Identificamos entonces nuestra voluntad con la de esa “chispa” divina de la que procedemos, y eso nos permite mantener la fidelidad en medio de las persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de ánimo y de la alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.
La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan ya que piensan que a las cosas que no dependen estrictamente de uno hay que darles tiempo.
La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.
Es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo.
Paciencia también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad. Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos –muchas veces están luchando con empeño por superarlos-, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias... que, sobre todo cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en ayudarlos. El discernimiento y la reflexión nos ayudará a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una buena contestación ante una impertinencia puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas.
Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío... los diversos infortunios que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo trafico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material del trabajo, una visita que se presenta en el momento más inoportuno. Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz. En esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia.
jueves, 9 de enero de 2014
ASUMIR LA RESPONSABILIDAD
Dentro de todo proceso de crecimiento personal es fundamental el poder integrar, como parte de nuestra experiencia diaria, el siguiente hecho: La importancia de tomar responsabilidad plena por nosotros mismos.
En mi caso personal, y a lo largo de muchos años, puedo decir que solía situarme en una postura de absoluta víctima frente a la vida, y es así como, por una parte, si bien todo pareciese encontrarse externamente en orden y en paz conmigo mismo, mi mente solía permanecer llena de prejuicios y pensamientos poco favorables acerca mí y el mundo, otorgando pleno poder y responsabilidad a distintas personas y circunstancias sobre mi situación actual, repercutiendo con ello en mi estado de ánimo habitual y, en general, en mi actitud personal frente a la vida.
Si bien es cierto existen momentos en los cuales pasamos por situaciones difíciles y que pueden escapar de nuestro control, el hecho de ser responsables nace desde un lugar de mayor profundidad y permanencia en el tiempo. Es, probablemente, la decisión más importante que podemos tomar para nosotros mismos, de empoderarnos y hacernos cargo en un 100% de nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestras emociones, y de lo que brindamos diariamente a nuestro entorno.
Es por ello que, en base a lo anterior, mi intención es concentrarme, de manera muy sencilla, en tres aspectos fundamentales relacionados con la responsabilidad que podemos ir aplicando diariamente en nuestro cotidiano:
- Nuestros pensamientos: La calidad de nuestros pensamientos más recurrentes va determinando en gran medida la concepción que tengamos de nosotros mismos. Una buena forma de empezar es enfocarnos en este preciso instante e ir educando nuestra mente con apreciación y agradecimiento. Al encontrar nuestro valor propio, daremos un nuevo sentido a nuestro día a día y contaremos con un nivel de empoderamiento personal que quizás nunca hayamos sentido antes.
- Nuestras palabras: Aprender a comunicarnos es comprender la importancia de mantener una sintonía entre lo que pasa en nuestro interior y nuestra manera de expresarnos, ya sea en forma verbal o escrita. Incluso nuestros silencios son una forma de comunicarnos. Detenernos un momento antes de comunicar, porque aquello que decimos repercute en nuestro entorno, y comenzar por nosotros mismos antes de hablar o analizar a otras personas, nos ayudan a ir volviendo gentilmente a nuestro centro y darnos cuenta que, antes que todo, debemos partir por casa.
- Nuestras acciones: Nuestras acciones, al igual que las palabras, hablan por sí solas. Por ello, es recomendable hacer el ejercicio de mirar hacia nuestro entorno y ver si son el reflejo de lo que pasa en nuestro interior y si es lo que queremos para nosotros mismos. Acciones tan sencillas como mantener en orden nuestro entorno físico, cuidar de nuestro cuerpo y ser gentiles y responsables con los demás tal como quisiéramos que lo fueran con nosotros mismos nos brindan un mayor grado de reciprocidad con el resto del mundo como un todo unificado.
El valor de ser responsables es inconmensurable y permea todos los aspectos de nuestra vida. Trasciende nuestra edad, nuestras creencias y experiencias y es, por sobre todo, una decisión constante de amor y de respeto hacia nosotros mismos. Su integración en cada aspecto de nuestras vidas es, sin lugar a dudas, sumamente necesario para llevar una vida más plena y con mayor sentido de madurez personal.
CARTA DE UN ABUELO...
Emotiva y conmovedora es la carta en la que un abuelo defiende a su nieto gay de su propia hija, una pelea familiar que no ha pasado para nada desapercibida en las redes sociales.
De hecho, la carta en la que el abuelo sale en defensa de su nieto se convirtió en un viral en la red social de Mark Zuckeberg siendo compartida por miles de usuarios a quienes los sensibilizó la defensa a prueba de todo de este abuelo.
Sobre el contenido de la carta, ésta comienza con una frase que de entrada impacta, una en que el abuelo confiesa estar decepcionado de su hija por no aceptar a su hijo gay.
“Estoy muy decepcionado de ti como hija. Tienes razón en que tenemos ‘una vergüenza en la familia’, pero equivocada respecto de cuál es”, en clara alusión a su hija y no a su nieto.
Finalmente, en internet también se rumoreó que la carta del abuelo que defiende a su nieto gay era falsa, lo que posteriormente ha sido desmentido. De hecho, de los protagonistas de esta pelea se conocen los nombres de la madre y de quien es el nieto, Christine y Chad, respectivamente.
La traducción de la carta:
“Querida Christine:
Estoy muy decepcionado de ti como hija. Tienes razón en que tenemos ‘una vergüenza en la familia’, pero equivocada respecto de cuál es.
Echar a Chad de tu casa sólo porque te dijo que era gay es la verdadera ‘abominación’. Un padre que desconoce a su hijo es lo que va ‘en contra de la naturaleza’.
Lo único inteligente que te escuché decir en todo este asunto es que ‘no criaste a tu hijo para que fuera homosexual’. Por supuesto que no. Nació así y lo eligió tanto como ser zurdo. Sin embargo, tú has tomado la decisión de ser hiriente, cerrada y retrógrada. Así que, mientras estamos en el negocio de desconocer a nuestros hijos, creo que voy a aprovechar este momento para decirte adiós. Ahora tengo un fabuloso (como dicen los gays) nieto que criar y no tengo tiempo para la zorra sin corazón que tengo de hija.
Si encuentras tu corazón, llámanos.
Papá”.
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