domingo, 8 de diciembre de 2013

CODEPENDENCIA

La persona codependiente deja de prestarse atención a sí misma para conceder más valor a las opiniones y la conducta de otros. Su vida gira en torno a otra u otras personas.
El codependiente es abnegado. Sacrifica sus propias necesidades y deseos, a menudo para cuidar o satisfacer a alguien que necesita ayuda. Piensa que si se porta bien, si apoya y cuida a esa persona, ésta no lo abandonará.
En la persona codependiente se observan rasgos como éstos:
  • Incapacidad para decir “no”.
  • Necesidad de resolver los problemas de otros y de hacerse responsable de los mismos.
  • Frustración cuando los demás no actúan de la manera esperada.
  • Necesidad de aprobación por parte del entorno.
  • Necesidad exagerada de cariño y atención.
La codependencia está más cerca de la obsesión o la adicción, que del amor y la bondad, y es propia de personas con muy baja autoestima.
El codependiente ayuda a otra persona con ciertas “condiciones”, porque espera a cambio gratitud o un determinado comportamiento. Si éste no se produce, el codependiente experimenta resentimiento y frustración.
Se puede ser codependiente hacia una persona o en un entorno determinado (por ejemplo, en la familia) e independiente en otros entornos (como en el trabajo), pero también puede ser que la codependencia se extienda por la mayor parte de las relaciones. Su grado puede oscilar desde lo leve a lo severo.
Superar la codependencia supone aprender a prestarse más atención a uno mismo; a sus deseos, valores, opiniones y esto muchas veces requiere ayuda externa, sobre todo si esa dependencia está muy enraizada.
Vivir la vida propia no es egoísta. Es lo que corresponde. Más egoísta es depender de la vida de otros, tratando de manipularlos para que cambien según nos conviene.
Con la guía adecuada, la persona terminará asumiendo que el amor es fuente de paz, de alegría; no de angustia, dependencia ni resentimiento.
Te amo porque te necesito.
Te amo porque me necesitas.
Te necesito porque te amo.

AUTO-CRITICA

He metido la pata.”
Esa expresión (o cualquier otra similar) significa que la persona es consciente de su error y lo admite. He ahí la autocrítica.
Si después asume su responsabilidad, aprende del error y sigue adelante, estaría haciendo muy buen uso de esta capacidad.
juez
¿A que la autocrítica es una cualidad muy positiva? Por supuesto. Con una excepción: cuando la autocrítica se hace grande y deforme, cual monstruo terrorífico.

Ejemplos de autocrítica monstruosa

“Me han despedido del trabajo. Si es que soy un pendejo. Lo veía venir. Como no me gane la vida pidiendo en la puerta de la iglesia… Porque otra solución no veo con este curricular penoso que tengo.”
“Todo acabó. Qué imbécil he sido en esta relación. ¿Y qué va a ser de mí? Estoy destinado a pasar toda la vida solo.”
Se nota la diferencia, ¿verdad?
La auto-crítica despiadada suele estar asociada a una baja autoestima.
La persona no sólo es un juez implacable consigo misma; también actúa como verdugo flagelador.

Sólo es un mal hábito

Pero (y aquí es donde viene la buena noticia) ese hábito corrosivo se puede cambiar.
Detrás de la autocrítica dura no hay sólo palabras hirientes. La persona acude a todas esas frases desagradables sobre sí misma, porque en ese mismo momento hay detrás una emoción desagradable.
Trata de liberarse de esa emoción de la peor manera posible: haciendo un vertido tóxico sobre sí misma.

Una alternativa a lo anterior

Sería tal que así:
1. Atención a las palabras que se van a usar.
2. Atención a esas sensaciones que hay detrás y cómo éstas derivan en pensamientos destructivos.
3. Prescindir del papel de juez y adoptar el de un amigo, un hermano, alguien cercano. ¿Cómo se le hablaría a un ser querido en esta situación?
Al igual que otros aprendizajes, éste requiere de práctica y, en los casos más severos, de ayuda profesional.
La recompensa que espera al que decide dejar de ser ese juez implacable y ese verdugo torturador es muy grande: libertad, confianza y una mejora en las relaciones (consigo mismo y con los demás). ¿A que merece la pena?
Por último, un homenaje a la autocrítica sana, que se orienta a la corrección de errores, a la búsqueda de soluciones, a replantearse objetivos, al cambio… Nunca, a la autocondena.

EVITAR LAS DISCULPAS INNECESARIAS

Disculparse consiste en asumir un error de forma sincera pidiendo la comprensión de aquél a quien nos dirigimos. Además, en el gesto también está la intención de reparar el daño que nuestro error o actitud ha causado.
Te habrás dado cuenta de que hay personas que rara vez se disculpan y de que también están aquellas que se disculpan demasiado. Ninguna de estas dos posturas es recomendable y hoy nos centraremos en el segundo caso.
pedir disculpasLas causas por las que alguien se disculpa en exceso son habitualmente tres: por evitar conflictos, por hábito y/o debido a una baja autoestima.
Pero, ¿cuándo son excesivas las disculpas?
Existen situaciones en las que las disculpas son innecesarias o incluso inapropiadas. Ejemplos:
  • Cuando das tu opinión personal acerca de determinado asunto. Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión. ¿Qué sentido tiene disculparse por pensar? Otra cosa es disculparse si has faltado al respeto.
  • Cuando alguien te llama a altas horas de la madrugada y te disculpas por no poder atenderle. ¿Cómo? ¿Qué es eso…?
  • Cuando, ya que has pedido disculpas por algo y sigues diciendo “lo siento” una y otra vez. Con una vale, ¿no?
También hay trivialidades por las que una persona se disculpa automáticamente sin que haya necesidad. Por ejemplo, cuando alguien te pregunta si viste ayer tal debate en la televisión y tú dices: “No, lo siento.” Ay, no… Cuidado con el hábito de decir “lo siento” en situaciones irrelevantes.

El peligro de disculparse demasiado

Cuando te disculpas mucho, quizás quieras proyectar la imagen de que eres una persona agradable, pacífica, respetuosa y accesible. Y habrá quien lo vea así, pero no todo el mundo lo hará.
Habrá quien vea detrás de esos gestos a una persona débil y sumisa. Habrá quien te vea como un pesado. Eso no importa. Lo que importa es que también estarán los que se sientan tentados de aprovecharse de la situación.
Cuando dices “lo siento” por cada pequeña cosa y los demás perciben que es por inseguridad, por baja autoestima, te arriesgas a que venga alguien que te trate mal. ¿Por qué? Porque demuestras que necesitas la aprobación de otros y habrá quien lo aproveche.

Cómo evitar las disculpas innecesarias

  1. Reconoce tu valor como persona: Cuando dices “lo siento” continuamente estás poniendo el énfasis en lo que haces mal. Pero todos somos imperfectos y cometemos errores, uno tras otro. Eso no le resta valor a nadie. Descubre lo mucho que vales sin centrarte en las imperfecciones.
  2. Comprenderte: ¿Por qué te disculpas tanto? Si es para agradar a alguien o para evitar que se sienta mal, considérelo. Tú no eres responsable de cómo pueda sentirse.
  3. Tómate tiempo: Si hay algún problema o conflicto, no tengas el “lo siento” preparado para lanzarlo a la primera oportunidad. Reflexiona con calma sobre si en realidad ha sido culpa tuya.
  4. Rompe con el hábito: No digas “lo siento” de forma automática, sino cuando realmente lo sientas y asumas que el error ha sido tuyo.
Además de reforzar la seguridad en uno mismo, lo anterior tiene otra enorme ventaja: Le devuelve el sentido a la expresión “lo siento“, que deja de estar vacía de contenido para emplearse en aquellos casos en los que nos arrepentimos de corazón.

CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA BAJA AUTOESTIMA

Una persona con baja autoestima suele pensar de forma negativa sobre sí misma. Pero esto es lo bueno: Que la baja autoestima se sustenta más en creencias que en hechos y las creencias sí se pueden cambiar.
baja autoestimaAún sin proponérselo, dichas creencias van cambiando a lo largo de la vida, dependiendo de las circunstancias y experiencias que atraviese la persona.

Causas de la baja autoestima

Cada persona sigue su propio y único camino en la vida y, a través del mismo, va formándose su autoestima. El proceso suele ser gradual. La persona puede no darse cuenta de que está formando un poso de creencias negativas sobre sí misma.
En esa construcción, la naturaleza innata de la persona juega un papel, pero las experiencias que atraviesa y las personas con quienes se relaciona influyen decisivamente.
Durante los primeros años de la vida, cuando la personalidad se está formando, algunas experiencias pueden dañar la autoestima. Y la persona, que aún no ha desarrollado las armas para enfrentarse a ellas, es quizás cuando comienza a sentirse poco valiosa.
Pero, también de adulta, la persona puede vivir experiencias negativas que afecten su autoestima.
Algunas experiencias susceptibles de alimentar las creencias negativas de una persona sobre sí misma son:
  • Ser víctima de abusos (sexuales, físicos o emocionales) y la pérdida de control asociada a ellos.
  • Haber visto desatendidas sus necesidades básicas en la infancia.
  • Fracasar en cumplir con las expectativas de sus padres.
  • Sentirse el “bicho raro” de la escuela.
  • Sufrir discriminación (por discapacidad, apariencia, estatus social o cualquier otra circunstancia).
  • Verse empujado por la presión social para seguir determinadas normas.
  • Sufrir acoso o bullying laboral.
  • Padecer enfermedades que condicionen sus actividades cotidianas o impacten en su calidad de vida.
  • Sufrir por la pérdida de personas importantes de su vida.
  • Sufrir por exclusión social y soledad.
  • Afrontar el desempleo o condiciones laborales precarias.
  • Etc.
Al atravesar experiencias dolorosas como ésas, la persona puede ir formándose esa opinión negativa sobre su apariencia, su inteligencia o sus capacidades.
Y, cuando ocurre algo que le hace recordar esas experiencias vividas, adopta una actitud negativa a la hora de enfrentarse a las nuevas experiencias.
Dependiendo de qué tan intensas y arraigadas estén las creencias negativas sobre sí misma, la persona puede sentirse mal o incluso fatal (por ejemplo, a la hora de hablar en público) y quizás trate de evadir ese mal trago.
Pero lo malo de escapar de esa experiencia es que la persona tiende a re-confirmar sus creencias negativas. Se hacen más fuertes, disminuyendo así la posibilidad de superar una situación similar en el futuro.
Se construye, pues, un círculo vicioso que parece indestructible, pero no lo es. Precisamente por lo que dijimos: se sustenta en creencias que se pueden cambiar.

Consecuencias de la baja autoestima

De una u otra manera, todas las áreas de la vida quedan afectadas cuando la persona piensa tan mal sobre sí misma. Veamos algunas de las situaciones más comunes…
La persona con baja autoestima puede involucrarse en relaciones personales tóxicas, destructivas, porque no se da a valer para que seatratada con el respeto y el amor que merece.
Respecto a su vida social, puede decidir no involucrarse en muchas actividades para evitar las críticas de la gente, que suele tomarse tan a pecho.
En el trabajo, puede suceder algo parecido: que evite tareas por miedo a no hacerlo perfecto o, incluso, que deje de optar a algún puesto de trabajo por no verse lo suficientemente buena para el mismo.
Por otro lado, la baja autoestima también puede desembocar en comportamientos muy negativos como, por ejemplo, las adicciones. O, en algunos casos, llevar a una persona a desarrollar una personalidad violenta, para enmascarar sus vulnerabilidades.
Si en lugar de esas creencias negativas, la persona tuviese una autoestima sana, no quiere decir que no tendría problemas ni que dejaría de vivir experiencias desagradables, pero sí tendría mejores armas para afrontarlas.

sábado, 7 de diciembre de 2013

ESPÍRITU NAVIDEÑO

El origen de la Navidad


La verdadera celebración de la Navidad es de origen pagano y celebraba el solsticio de invierno, pero en el siglo III d.C. fue adaptada por la Iglesia católica, conmemorando el nacimiento de Jesucristo en Belén, que según los evangelios de San Mateo y San Lucas sucedió en esas fechas. Junto con Las Pascuas, es la fiesta más importante del año eclesiástico cristiano. Si bien existen muchas corrientes que indican que la fecha estipulada es un cálculo erróneo, el 25 de Diciembre se declaró como fecha conmemorativa del nacimiento de Jesús. 

Los símbolos de la Navidad actual

La Navidad que hoy se celebra, es una creación del siglo XIX, pues en ese siglo se popularizó la costumbre de intercambiar regalos y tarjetas, se creó a Santa Claus y se masificó el uso del árbol cómo símbolo de los festejos de fin de año. Junto con los Villancicos, los pesebres (también llamados Belenes), las coronas de adviento y las piñatas, se completa el abanico de símbolos que completan a la Navidad.
El árbol de Navidad

Se dice que la tradición del árbol de navidad tiene origen en las los pueblos originarios germánicos, y formaba parte de sus rituales paganos al dios del sol, Frey. Cuando el cristianismo abarcó estas culturas, el árbol fue resignificado como aquél árbol del paraíso de donde fue robado el fruto prohibido. También adopta otros significados, como el árbol de la vida eterna, y el de la santísima trinidad por su forma triangular.
Santa Claus (también conocido como Papá Noel, San Nicolás, entre otros)

Es un personaje legendario basado en la figura de Nicolás de Bari, un obispo cristiano del año IV A.C.. Existen varias leyendas que relacionan a Nicolás de Bari con los niños dado que el obispo tenía una fuerte devoción por ellos.

Su mítica fama de repartidor de obsequios se basa en una historia que cuenta que Nicolás ayudó a tres hermanas muy humildes que no podían casarse a causa de su pobreza. Se cuenta que la ayuda fue hecha en secreto por el sacerdote quien entró por una ventana y depositó una bolsa de oro dentro de los calcetines de cada niña, que colgaban sobre la chimenea para secarlos.

La imagen actual de Papa Noel es, en su  mayoría, producto de la marca Coca-Cola, que lo eligió para sus anuncios navideños hace muchos años y lo vistió con sus propios colores rojos y blanco.
El Pesebre

También llamado nacimiento, belén, portal o pasitos en los diferentes países y regiones de habla hispana, es la representación plástica de escenas de la Natividad de Jesucristo, que se suele exponer durante la Navidad en hogares, iglesias y muchos centros públicos, como escuelas, organismos oficiales, comercios, etc. La construcción y exhibición de belenes forma parte de la liturgia navideña en muchas partes del mundo, especialmente en la tradición católica.

El primer pesebre fue ideado por San Francisco de Asis. La Navidad de 1223, mientras predicaba por la campiña de Rieti, Italia, le sorprendió el crudo invierno al predicador que vestía con harapos. Se refugió en la ermita de Greccio. Allí, rodeado de una inmensa paz, tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús en Belén. Construyó una casita de paja, puso un pesebre en su interior y llevó animales de los campesinos e invitó a un grupo de ellos para completar la escena.
La idea se propagó por toda Europa y los frailes franciscanos durante la colonización y evangelización la trasladaron al Nuevo Mundo, durante los Siglos XV y XVI. La tradición tuvo tanto arraigo que con el tiempo creó un motivo artesanal y artístico religioso. Actualmente estas piezas son muy valiosas y las más antiguas se exhiben en los museos más importantes del mundo. 

El mundo entero celebra

Cualquiera sea la forma que elijamos para celebrar estas fiestas, nos veremos envuelto en este espíritu único que gira alrededor del mundo entero durante el mes de diciembre.